Temas de siempre "Contacto"


En una etapa de mi adolescencia, iba como voluntaria cada sábado a un casal de niños con problemas económicos y familias desestructuradas.
Nuestra tarea era llevarlos al campo a pasar el día y prepararles juegos, con la finalidad de que se explayaran y olvidaran por unos momentos  su difícil situación.
Un día con el juego de la patata, que consiste en colocarte una cuchara en la boca con una patata encima, y con las manos atrás tienes que hacer carreras intentando que la patata no se caiga al suelo, le tocó el turno a una niña de nueve años que no podía cerrar la boca y atrapar el mango de la cuchara con sus dientes, no porque tuviese una discapacidad física o psíquica, sino que no tenía control de su boca, y aunque le mandase el mensaje a su cuerpo este no entendía que debía hacer.
Más tarde, al reunirnos los monitores con la asistente social que nos acompañaba, nos comentó que era un claro ejemplo de la falta de contacto.
Era la primera vez que escuchaba que la carencia de abrazos u otro tipo de contacto en los niños, hace que no sean capaces de conocer su eje central y en consecuencia de su derecha e izquierda. No tienen conciencia de su rostro, sus manos, su cuerpo… en ese momento me pareció la peor incapacidad, la falta de contacto traducida en gestos y muestras de amor. 


Estando embarazada, recuerdo que acariciaba mi vientre, convencida de que mis hijos me notarían. Cuando de manera intuitiva les hablaba estaba convencida que me sentirían.
Porque es en el contacto donde traspasamos información y sentimos. Y no sólo lo noto corporalmente, sino que internamente percibo el mensaje, observo como me llega, tomo conciencia de mi ser.
En un abrazo puedo transmitir o recibir un te quiero, te deseo, te acompaño, te apoyo, lo mismo cuando tomo las manos de alguien, estoy contigo, te llevo, te enseño, estoy aquí, quiero que estés conmigo, y así con las caricias, la mirada, la escucha y la expresión verbal.
La necesidad de contacto, se me presenta como un movimiento de ida y vuelta que se repite. Primero me tocan, miran, hablan, y tomo conciencia de mi cuerpo, de lo que siento, veo y me dicen. Luego puedo ir hacia el otro en contacto conmigo, y mirarlo, tocarlo, hablarle y percibir lo que me pasa con lo que recibo.
Cuando me conecto internamente, y esto significa que identifico mis emociones, como me siento corporalmente y lo que pienso, puedo descubrir mi necesidad. Desde ahí, entender mejor al otro que mira, se expresa, toca y necesita. Es en esa escucha atenta con mi interior donde puedo identificar al otro. Es en este contacto consciente donde me encuentro con el otro y lo Veo con claridad, porque no es diferente a mí.

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