Temas de siempre, "Miedo"


Siento miedo cuando tengo que tomar una decisión y arriesgar. Cuando la vida me sitúa en momentos que siempre quise evitar (algo que ahora sé que  son inevitables). Situaciones que me obligan a un cambio y a conectar con lo desconocido, colocando las emociones a flor de piel.
Muchos de esos temores tienen que ver con lo que imagino, imaginaciones que me llevan a creer que puedo sufrir. ¿Y si me equivoco?, ¿Y si me rechaza? ¿Y a dónde me llevará esto? ¿Y si me duele? Espejismos que pueden paralizarme, quedándome bloqueada en algún lugar sin salida.


Pero ante esos miedos, he conectado con un miedo mucho más profundo, uno que hirió a la niña que fui y que posiblemente tiene que ver con mi manera de imaginar. Esa niña sigue viviendo en mi y con ella el miedo permanece, seguramente ahí continúe, pero al menos ahora me doy cuenta y puedo actuar diferente ante situaciones que me lo hagan aflorar y muevan a la niña.

Mi miedo es: no tener espacio, que no haya un lugar para mi. Es un miedo nacido  por circunstancias de mi vida. Poco a poco con el tiempo derivó en un “no tengo derecho a mi espacio”. Y aunque es algo con lo que he luchado de manera inconsciente, buscando momentos y espacios, exigiéndoles a los demás que me diesen ese espacio, no lograba tenerlo. ¿Por qué? Porque no sabía que era yo la que tenía que dármelo y porque me sentía culpable cuando lo tenía.

                                          

 Ahora lo sé. Ahora comienza el camino hacia la sanación, es un proceso en el que cada día cae una moneda y la vista atrás me devuelve momentos que me han impedido ser la que soy por mi miedo a la falta de espacio:

  • No atreverme a decir no
  • No decir si, en algo que podía ser bueno o necesitara para mi
  • Extra-limitarme en mi “generosidad”
  • No darle importancia a mis decisiones
  • Anteponer las necesidades de los demás a las mías
  • Mermar mi autoestima, en una desvalorización que me lleva a posponer  hasta estar segura de que lo hago “bien”
  • Exigir y esperar de los demás, de tal manera que la frustración es constante.

Durante el proceso, siento tristeza por ese darme cuenta que me lleva a sentir a esa niña herida, compasión por haber hecho lo que podía con lo que sabía, alegría por darme la oportunidad de cuidarla, y fuerza por el potencial que surge al tomar conciencia de lo que me pasa.



Krishnanada en su libro de la “Codependencia a la libertad. Cara a cara con el miedo” (un libro que me ha hecho entender y comparto) dice: Nosotros trabajamos con cuatro miedos básicos del niño interior, todos originados, de alguna manera, en traumas infantiles, los cuatro grandes miedos del niño interior son:

  • El miedo a la presión y las expectativas
  • El miedo al rechazo y al abandono
  • El miedo a la falta de espacio, a ser malinterpretado he ignorado
  • El miedo al abuso físico o energético o a la violación.

En mi constante mirada holística de no separar nada, creo que cada uno de esos miedos viene entrelazado al otro, porque finalmente lo que pienso es que el mayor miedo que existe y lo engloba todo, es que no nos amen.



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